Benedetti y yo. Primera página

Mayo 18th, 2009

Su muerte fue un gran revulsivo, aquel que precisamente muchos esperábamos… y precisamente, como en todas las historias, la muerte del martir termina elevando el espíritu de muchos otros que antes se escondían en las cloacas. Pero, ¿Por qué tiene que ser justo la muerte, y no la vida, la que impulse tales deseos? ¿Acaso por el temor intrínseco que nos invade el palpar lo eventual de la existencia, y las ganas, impulsos -muchos de ellos vanales- de “no pasar a mejor vida” sin haber dejado huella?

Como sea, él ya está allá, y nosotros acá. Y si queremos emularlo, porque no se puede en este caso hablar de otra cosa más que de un querer, un sentimiento de amor inexplicable de imitar su trayectoria aunque la nuestra quede a muchos kilómetros de distancia, aunque la nuestra incluso pierda el rumbo en el trayecto… Si queremos emularlo, habrá al menos que conocerle, que investigarle, que husmerale. Que daría por transitar las calles que le vieron crecer, por tomar un helado en su nevería favorita, por abordar el autobús en aquel parador donde concebió muchas de sus ilusiones.

Más a falta de eso, cuento con una herramienta mejor: mi imaginación. Miento, cuento con dos herramientas: mi imaginación y tu complicidad. Sin ellas sería imposible continuar y en vano esperar que las palabras sean lo que pretenden para convertirse en un bulto de letras medianamente ordenado pero sin sentido alguno. Y reitero lo de sentido, porque en estas cosas de las escritura, corrijo, como en todas las cosas, cuando no se siente se deja de vivir. Y por ello pido una disculpa para los que me conocen, hace tiempo que me vengo dejando un poco de vida por el camino; y para los que no me conocen, se los hago saber. ¿Será este deseo por escribir un deseo por revivir? Los días lo dirán.

24

Diciembre 24th, 2008

1.15 de la tarde y mientras convivo a distancia con “el viejo” que por pintar un recoveco de la pared está haciendo malabares con una escalera a la que trepa con rodillo en mano, aprovecho para re-estrenar El Necio y de paso probar BlogJet, el regalito de Navidad que hace minutos me hice con parte de los 120 euros que me dejó participar en El Gordo español (gracias a David y el buen tino del número con el que jugaron en su trabajo, que terminó coincidiendo en las 2 últimas cifras con las del premio mayor).

Sigue papá pintando y siguen cayendo gotas absorbidas por el periódico que temporalmente cubre el suelo. La fortuna de que este Monterrey de la que tanto renegamos sus habitantes por su clima, que hace un par de días nos tenía a 2 grados C y ahora la pasamos con 28 y tremendo sol. Acá para mis rumbos la cosa es un pelín más fresca, cosa de tener la cueva en las raices del poco respetado urbanísticamente Cerro de la Silla (y a últimas envuelto en polémicas sobre si le agujeran o no); por lo que cuentan los gurús del clima así de agradables se mantendrán las temperaturas los próximos días, si por un lado a título personal agradezco, por otro no son más que indicios de que los fríos llegarán arrancando el nuevo año… pero llegarán.

NacimientoLo que a algunos países del mundo ya “les llegó” por cuestiones geográficas en mi país estamos a 10 horas y poco más, que es hacer memoria una noche más de aquella mítica en la que se hizo uno de nosotros Aquel que por nuestra salvación aceptó tanta cosa de la que Los Evangelios nos enteran. Y si bien parece que conforme pasan los años recordar ese misterio se vuelve “lo menos” a cambio de compras, festejos, banquetes, mercadotecnia… pues no queda más que desear de debajo de todo ello el fueguito ese que llamamos Espíritu Navideño sea un reflejo de la buena voluntad por acercarnos más a los que nos rodean y llenarnos de la buena vibra para ser mejores personas, y con ello será más que suficiente para que aquel nacimiento en pesebre no haya resultado en balde.