Neceo, luego existo

Un poco de esto, un poco de lo otro... eso sí, puras necedades.

Nuevas formas de escribir »

Hay gente que necesita (necesitamos) consumir demencialmente la información. Estamos enfermos de letras y emociones de 15 segundos. Nos encanta vivir de palomitas de maíz.

We make a living by what we get, but we make a life by what we give.

“La vida es mucho más compleja que la literatura. Pero también menos intensa. La literatura tiene que avanzar a exceso de velocidad para mantener la tensión. De lo contrario sería un viaje somnoliento y aburrido. Uno selecciona fragmentos, escribe y trata de no aburrir. En fin, la única guía que tengo es la intuición. Un poco de intuición. Y eso es muy poco.”

–  Pedro Juan Gutiérrez (Animal Tropical, 2000)

“El escritor es en el fondo un tipo amargado, confundido, sin explicaciones para nada, que le da igual si lo comprenden o no. Si cae bien o mal. Si es simpático o antipático. Si tiene dinero o es un muertodehambre. Si eres escritor tienes que saber que ésas son las reglas del juego. De lo contrario eres un payaso. Y siempre vas a tener a alguien cerca que intentará convertirte en un payaso.”

– Pedro Juan Gutiérrez (Animal Tropical, 2000)

“Jasper Gwyn explicó que aquella situación del retrato le atraía porque forzaba a doblegar el talento hasta una posición incómoda. Se daba cuenta de que las premisas eran absurdas, pero precisamente por eso le atraía, ante la sospecha de que si uno le arrebataba a la escritura la posibilidad natural de la novela, algo haría ella para sobrevivir, algún movimiento, algo. Dijo también que ese algo sería lo que la gente compraría después y se llevaría a sus casas. Añadió que sería el fruto imprevisible de un rito doméstico y privado, no destinado a aflorar a la superficie del mundo y, por tanto, ajeno a las miserias en que se veía envuelto el oficio de escritor. De hecho, concluyó, estamos hablando de un oficio distinto. Existía para ello un posible nombre: hacer de copista.”

– Mr. Gwyn (Alesandro Baricco, 2011)

“Si la verdad tiene una voz -suponiendo que la verdad exista y que además pueda hablar-, ésta surgirá de la boca de una mujer.”

– Paul Auster (La invención de la soledad, 1982)

Lo mejor del amor es la distancia
y el encuentro otra vez,
cuando ya nada tengo que decirte
y los dos recordamos
aquellos años que se han ido,
aquel tiempo feroz que temblaba en tus manos
y esa imagen de ayer
(recordarla es vivirla)
marcada para siempre en la memoria,
impresa a fuego vivo en el pasado.

Hoy por esos recuerdos puedes decir que existes.
Y si valió la pena haber vivido
es por ese temblor que regresa a tus manos,
la certeza de haberte equivocado,
el día que pudiste ser feliz
y algún largo silencio que nunca olvidas.

– Otra vez (Juan Domingo Argüelles).

¿Por qué es un problema la lectura? « Revista Este País »

La escuela y, en general, las instituciones se han desentendido de la realidad para proponer ideales forjados en el humo del pretérito. El saber es importante, pero, para todo el mundo, es más importante la supervivencia. Los libros son extraordinarios, pero no hay nada más extraordinario que la vida. Dotemos a esta vida de las circunstancias menos precarias y de un ambiente más favorable, y entonces los libros y el saber podrán ocupar el sitio que hasta hoy se les ha negado en el universo vital de las personas; pero además dentro de una actualidad vital que tarde o temprano les revelará sus raíces.

“Escribir es viajar gratis, no requerir pasaporte, salirse del recorrido para turistas y quedarse para siempre en los sitios más interesantes.”

Porque, no obstante sus diferencias, a pesar de todos los detalles que prefiguraban la elisión, había encontrado la fórmula exacta de comunicación con ella. Una fórmula que partía de las preguntas necesarias que debía plantearle, del silencio que debía guardar en los instantes más precisos, de la condescendencia para sus momentos de angustia y neurosis, en el modo de tratarla y de compartir tantas y tantas cosas.

Aquella fórmula también incluía el modo en que le hacía el amor, una mezcla de recato y perversión pero que, invariablemente, la llevaba al éxtasis de los brazos que se enlazan, de las bocas que se buscan y los genitales que se rozan. Ese amor que incluye lengüetadas y mordidas, posturas que enardecen con la mínima visión de lo que ofrece cada cuerpo, cada centímetro de erección, profundidad y desnudez.

– Iván Ríos Gascón (“Luz esteril”, 2003).