Esos ojos de ella me saludan y conocen,
y me siguen y me asolan.
Y siempre vuelvo yo a quedar prendido allí
en la constante maravilla que convocan.
Persistentes como brisa y como oleaje,
una mirada suya tiene esa sencilla cualidad
de existir en tanto todo se derrumba
mientras que todo va pasando
ellos se quedan donde están.
Son donde aflora la palabra más secreta
y un misterio que aún esta sin revelar,
la señal de una presencia luminosa
que se ha dejado encontrar.