Lucha contra la violencia de género

Desde el 25 de noviembre de 1981 -ayer hace 16 años- se instauró tal fecha como Día Internacional de la lucha contra la violencia de género. El que este año cayera en domingo diluyó en parte el eco que este tipo de “Días” suelen tener entre la sociedad, si bien es claro que la lucha contra esta situaciones debe mantenerse en todo tiempo y circunstancias.

Les comparto, por lo mismo, un ensayo que escribí hace poco como participación en clase de Psicopatología Social, a propósito de este tema, y que sin duda no desencaja de los eventos que a últimas semana por medio de los noticieros locales hemos sido testigos en Monterrey, que lamentablemente se extienden a lo largo y ancho del mundo.

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La Real Academia Española define la palabra violencia de un modo un tanto tierno: 1.- cualidad de violento; 2.- acción y efecto de violentar y/o violentarse; 3.- acción violenta o contra el modo natural de proceder; 4.- acción de violar a una mujer. En los tiempos modernos se ha acuñado un nuevo término: Violencia de género, que significa el ejercicio abusivo del poder por parte de un género sobre otro y surge por las grandes desigualdades que existen entre hombres y mujeres.

Tan sólo en nuestro país en los últimos seis años este tipo de violencia le ha costado la vida a alrededor de 6,000 mujeres y niñas. Son de conocimiento público casos como el de las muertas de Juárez, la violación de mujeres en Atenco durante los enfrentamientos por recuperar dicho pueblo el año pasado, un grupo de 13 mujeres que en Coahuila fueron golpeadas y violadas el día de las pasadas elecciones federales, y sin ir más lejos, el caso de la supuesta violación tumultaria a manos de miembros del Ejército de la anciana Ernestina Asencio, que le causó la muerte en marzo pasado.

Y si bien podría pensarse que la violación, el ataque físico y el asesinato son las únicas formas de violencia de género que padecen las mujeres en nuestro país, no es así pues también se dan los ataques en el campo cotidiano del empleo, como por ejemplo que por un trabajo igual gane menos una mujer que un hombre, que se la agreda emocionalmente o se la acose sexualmente. Las autoridades han puesto su granito de arena para combatir contra esta situación, por ejemplo con la creación en el año 2000 del Instituto Nacional de las Mujeres, enfocado a atender problemáticas femeninas como la violencia doméstica.

Sin embargo, cualquier iniciativa se vuelve mínima ante las moustrosas estadísticas: tan sólo en estadísticas del estado de México señalan que durante el primer semestre del 2006 han atendido 19.150 denuncias por maltrato físico y 9.984 por violación contra mujeres y menores de edad. Estadísticas del año 2000 del estado de Nuevo León lo ubicaban como la segunda entidad a nivel nacional con mayores índices de violencia familiar, donde ese año 23 mujeres fueron víctimas de la violencia, la mayoría en manos de sus parejas. De acuerdo con el estudio Salud Reproductiva y Violencia contra la Mujer, realizado por la especialista en el tema, Marcela Granados Shiroma, cinco de cada diez mujeres de Monterrey y su área Metropolitana sufre algún tipo de agresión.

Así mismo, el análisis indica que 47 por ciento de las agresiones suceden en la etapa de gestación, ubicándose básicamente en un rango de edad de entre 30 y 34 años, y 19 por ciento de las mujeres agredidas señalan que la violencia en la pareja inicia desde el noviazgo. Esta situación redunda en el incremento del número de divorcios: el año 2003 la cifra llegó a 15,000 superando en más de un 80% la cantidad del 2002, que fue de 8000.

En definitiva las instituciones públicas no pueden transformar solas el ambiente cultural, social y legal que causa y tolera la extendida violencia contra la mujer. Para terminar con la violencia física y sexual se necesitan compromisos y estrategias a largo plazo en los que intervengan todos los segmentos de la sociedad. Numerosos gobiernos se han comprometido a acabar con la violencia contra la mujer y han aprobado y puesto en vigor legislación que garantiza los derechos jurídicos de aquélla y castiga a los culpables.

Además, las estrategias centradas en la comunidad pueden concentrarse en habilitar a la mujer, llegar a los hombres y cambiar las creencias y actitudes que permiten el comportamiento abusivo. Sólo cuando la mujer ocupe el lugar que le corresponde en la sociedad, en pie de igualdad con el hombre, la violencia dirigida contra ella no será ya una norma invisible sino una horrible aberración.

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