Todo mundo tiene su Guadalupe

“Aquella mañana no era para nada distinta de las otras que habían transcurrido; pero, igual que todas las que llevaban incluidas el día 9, tenía cierto grado de particularidad, de magia, de triunfo, y no se diga ésta que tenía por compromiso celebrar el 4º aniversario de aquel hecho que le había, en definitiva, cambiado la vida…

La primera voz que escuchó era la primera voz que solía escuchar comúnmente: la de su madre. Aquella mujer, última de un matrimonio de 8 hijos y que para alegría del azar sus padres habían bautizado como Guadalupe, se había convertido en auténtica Guadalupana del nuevo milenio para su hijo, acurrucando en su vida, en sus manos y en su corazón aquellas palabras que por fe otorgamos a la patrona de los mexicanos: “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?” Su paso se había ido haciendo con los años más lento, pero no por ello menos firme; su voz, algo más apagada, pero no por ello menos dulce; su mirada más extraviada pero no por ello menos profunda… y bien sabía Víctor que su Guadalupana estaba así por él: el verla le calaba profundamente el corazón, ¡él tenía así a su madre!, que, como todos los días de todos los meses de los últimos años, bajaba de nuevo y con su “Ya es hora” marcaba el ritmo de todas las actividades de la casa, que comenzaban en el alba del día y se prolongaban hasta casi el germinar del día siguiente…

-Hoy es 9- pronunció Víctor con lo poco de fuerzas que el amanecer le brindaba y que la sensación de frescura que el agua le empezaba a proporcionar le dotaban a su cuerpo. -Si, ¿4 años ya?- Replico la madre, manifestando en su pregunta el desgano que tenía por profundizar en el tema propuesto por el hijo, el cual, al percatarse del gesto de disgusto que Guadalupe había hecho al responder, no contestó tal pregunta, y se sumergió de nuevo en las divagaciones que su mente abordaban. Le comenzaron a atravesar por ella imágenes de los otros 9 que ya habían pasado, sin dejar de acechar como lo hace de manera velada la leona a su presa bajo el cobijo de la estepa africana, los recuerdos del primer 9, aquel 9 de agosto de hacía ya 4 años, a partir del cual su historia comenzó a tomar otro rumbo, y, ¿por qué no pensarlo?, comenzó a tomar tal vez el rumbo que Dios quería de su vida…”

Pd.- Una felicitación a todas las Lupitas en su día, y a todos los guadalupanos del mundo -me incluyo-.

Pd2.- ¡Hoy regreso! -y me encanta que sea hoy-.

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Envidia de la buena

“Una suma es algo que acaba siendo una respuesta y empieza siendo un misterio. Así que por ahora, lo único que Serrat más Sabina puede dar como resultado es un millón de preguntas…”

Con esas palabras nos recibe la página web montada con ocasión de la gira “Dos pájaros de un tiro” que a bien tuvo unir los talentos musicales del eterno y casi inmortal Joan Manuel Serrat y el doctorado en locura Joaquín Sabina. Miles de bohemios en muchas ciudades del viejo y del nuevo continente han sido privilegiados testigos de esta inédita conjunción músico-poética.

Traigo a colasión este tema pues una muy buena amiga pudo experimentar en carne propia que siempre hay una segunda oportunidad para todo. Les platico: el pasado 19 de octubre pasó por mi ciudad en una única presentación la mencionada gira, a la que no pude asistir por una ‘breve’ estancia que hice en el hospital. Griselda –mi amiga- ese día precisamente me fue a visitar después de sus clases en el Colegio Salesiano y se lamentaba tampoco poder acudir –jeje, su compañero en las cuitas troveras soy yo-; pensaba de último al menos pasar por el lugar del concierto y adquirir algún souvenir pero como mi papá la llevó hasta su casa pues ni eso.

Desde hace 2 semanas Griselda está en Quito, Ecuador, en un curso de formación para docentes junto con otra profesora del Colegio y 20 personas más de distintos países latinoamericanos. Grande es su sorpresa al enterarse al día siguiente de su llegada que los Dos pájaros se presentarían en Quito el sábado 17. Se organizó con algunos compañeros y aunque parecía acercada la hora que el plan iba a zozobrar, tuvo la oportunidad de asistir al evento, que me describe simplemente como fe-no-me-nal.

Me da gusto por ella, y también confieso me da envidia de la buena. Al Sabina ya tuve oportunidad de escucharlo en vivo: me falta el catalán de oro. Algún día romperé el cochinito para viajar a la Madre Patria y disfrutar tanto de Joan Manuel como del otro icono de la trova de nombre Luis Eduardo. ¡Que tengan larga vida!

Página de la gira

Próximas presentaciones

 

dos pajaros de un tiro

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